jueves, 16 de noviembre de 2017

Kennis

Le veo acercarse. Cuando llega, le saludamos y le preguntamos si quiere un bocadillo, o un poco de caldo calentito.

  -  Un poco de caldo- dice, mirando el vaso.

En realidad, sé que no le importa demasiado bebérselo; mis sospechas se confirman cuando, tras un rato con él, sigue intacto, enfriándose, mientras me habla. Comienza la conversación comentándome que en el escaparate que tenemos enfrente, en la Calle Arenal, tienen un Papa Noel que parece de un puticlub -es un Papa Noel formado por dos bolas brillantes, de discoteca, y el gorro; tengo que darle la razón-. Después, pasamos a temas más serios.

     - Hice el camino de Santiago tres veces, ¿sabes? Iba con el bastón, adelantando a todos, diciendo “¡buen camino!”, mientras bailaba. Luego llegaba a los albergues y no se creían que hubiera andado tanto.

Todo esto me lo cuenta mientras mira al cielo y me mira a mí, a partes iguales. Al terminar la frase se ríe, y me pregunta:

        -  Sabes, sabes…¿te gusta leer?
-¡Sí!
-  Sabes, sabes...estuve hace unos meses drogándome.
      -  No me digas eso, eso es malo, hombre-digo, mientras empiezo a intuir lo siguiente que me dirá.
      -  Si, si, estuve drogándome, en un parque, ¿sabes que parque?
      - No.
      - El más grande de Madrid, aquí, ¿sabes cuál?
      - ¿El Retiro?
     -  ¡Si! Estuve drogándome, porque había una feria, la feria del libro. ¡Son mi droga! Tengo doscientos libros. Mi hermana me dice que si entra algún libro más, salgo yo. Pero le digo que antes de tirar alguno de mis libros, duermo en el pasillo. Oye, ¿dónde está el grupo?
     Más adelante, vamos.

Seguimos andando siguiendo al resto de compañeros, mientras me cuenta como Isabel Allende le abrazó en la feria del libro, como Camilo José Cela le firmó sus ejemplares; después me pregunta por un escritor que se llama Miguel; acierto el apellido y ya me cuenta dónde nació Delibes, sus premios y su muerte, y lo mal que le pareció que no fuera una delegación de Cultura, o los Reyes, a su entierro.

     Sabes, me voy a casar pronto, sí.
       - ¡Anda! ¿Con quién?
      - Es una chica que se apellida Ortega, ¿sabes quién es su padre?

Siempre me habla con acertijos.
       
     - Sabes, el hombre más rico de España.
-  ¡Amancio Ortega!
-¡Si!

Sonríe. Tras esto, llegamos al final de la ruta, y me sigue preguntando cosas:

       -  ¿Sabes quién dijo con la Iglesia hemos topado?
¡Sí! Cervantes.
No.
       - Bueno, Don Quijote.
      - ¡Si! ¿Te lo has leído? ¿Cuántas veces? -le contestó, y continúa- Yo tres, tres veces me lo he leído. Y, ¿sabes cual es el municipio con la colonia de cigüeñas más grande de España? No, no, ¿de Europa?
      - Ni idea, ahí me has pillado.
     - Se celebra el 22 de diciembre.
      - ¿El Gordo de Navidad?
- Sin lo último.
     - ¿El Gordo?
     -¡Sí! El municipio del Gordo. Miras al cielo y está lleno de Cigüeñas. ¡Tienen muchos hijos allí, se los traen todos! Y, ¿sabes? ¿sabes cuál es la provincia más grande en extensión?
       - Ni idea. ¿Quizá alguna de Castilla y León?
      - ¡Provincia, no Comunidad Autónoma!
       -La verdad es que no lo sé, me has vuelto a pillar.
     -¡Badajoz! Tiene 21.623 km2. ¿Tienes internet? ¡Búscalo! El otro día estaba Saber y Ganar en la tele del bar, mientras me tomaba un café y, y, preguntaron esto, y contesté, el camarero no se lo creía. ¡Con qué cara se quedó! Me invitó a otro café.

Nos reímos. Después, sigue preguntándome un montón de cosas; cuando no las sé me plantea acertijos para que las acierte. Mezcla datos tan reales que me quedo pasmado de que los sepa con historias fantasiosas que, a ratos, parece que se las cree y, a ratos, parece que solo bromea.

Se nos acaba el tiempo, así que tenemos que despedirnos de él, hasta el próximo miércoles. Nos vamos, aunque nos sigue a cierta distancia, y termina parándose a hablar con una mujer que está sentada a las verjas, ya cerradas, de la Iglesia de San Ginés.


Cuando llego a casa, lo primero que hago es entrar en Internet. Google. “Municipio El Gordo cigüeñas”. Wikipedia. El Gordo (Cáceres): “[…] Fue a partir de 1963 cuando una población de cigüeña blanca eligió a este pueblo como el lugar preferido para su estiaje. […]”. Vuelvo atrás. Google. “Extensión provincias españolas”. Datos del INE: la primera, Badajoz, con aprox. 21.766 km2. Sonrío, y pienso que si alguien me pregunta alguna vez, le diré los kilómetros cuadrados que me dijo él. Me fío más.


lunes, 30 de octubre de 2017

Atardecer

Atardecer, se pone el sol
dejando mi pecho en sombras;
se impone el silencio, aterrador;

llega la noche de las horas
el Goliat en la cabeza;
sin David, sin hondas.

Correr; las piernas pesan.
Sin escondite seguro.
Llorar; los labios rezan.

Caída, herida; suelo duro,
frío, traicionero;
delante, solo un muro.

Soledad, hablando el miedo;
“huye, no puedes vencer”…
Instante de luz, aliento.

Esperanza, espada afilada;
armadura hecha de fe;
saltando el muro con alas:
la primavera crece al atardecer.


jueves, 19 de octubre de 2017

Contigo

Dame tu mirada soñadora,
tu coraje, tu valentía;
tus ganas de cambiar el mundo,
la esperanza en tu alegría.

Dame tu solidaridad,
dame tu vena creativa;
dame tu deseo de ayudar a los demás
poniendo en ello tu trabajo, tu carisma.

Dame tus brazos abiertos,
dame tu cálida sonrisa;
dame tu corazón, tan grande,
donde cabe cualquier persona, pobre o rica.

Dame tu tiempo, horas contigo,
tus noches o tus días;
dame lo que sea; a cambio
yo te doy entera mi vida.


viernes, 13 de octubre de 2017

Nuevo Apolo en seis actos

-I-

-En el bosque hay una sombra,
una figura de mujer;
siempre huye si me acerco,
siempre esconde su tez.

-Es una ninfa, una dríade;
ten cuidado, aléjate;
muchos han entrado al bosque
y nadie ha salido de él.

-Parece bella, es tentadora;
necesito tocar su piel;
quiero conocerla, enamorarla:
mañana me rendiré a sus pies.

- No lo hagas, escucha mi consejo,
nadie vuelve de allí.
Muchos se han perdido por su deseo,
no te acerques si quieres vivir.

-El amor es peligroso,
doloroso en ocasiones;
pero sin riesgo, ¿qué es la vida?
Cobardes son tus razones:
no mates mi alegría,
la esperanza en mi pecho;
mañana hablaré con la ninfa
y por la noche dormiré en su pecho.

-II-

-Dame, hermosa ninfa,
de tus labios, la miel
que las abejas envidian
y que mi boca ansía beber.

- Dime, humilde hombre,
que puedes ofrecer,
si tengo belleza, riqueza,
sabiduría, placer.

-Yo solo tengo mi vida,
mi orgullo, mi honor;
de esto, te doy todo;
no tengo nada mejor.

- Todos me ofrecen lo mismo,
y al poco huyen de mí;
prométeme compromiso eterno,
júrame no marcharte de aquí.

- No tendría, lejos de tu lado,
ningún lugar donde ser feliz;
y así lo juro, sobre mi tumba,
que mis pies se convertirán en raíz.

- Así será, si rompes tu palabra;
mientras seré tuya, te amaré;
entra conmigo en el bosque,
en nuestra casa, ven y sígueme.

-III-

- Ya ha pasado un mes, querida;
déjame visitar mi aldea;
volveré sin falta esta noche:
no faltaré a mi promesa.

- Juraste que no te moverías,
de mi lado no te puedes alejar.
Tu aldea no te necesita;
no me devuelvas la soledad.

- Solo serán unas horas;
pongo en juego mi honor.
Volveré a por tus besos
antes de la puesta de sol.

- Por esta vez, te lo permito;
pero ni un minuto esperaré;
a la caída de la noche
te espero; sé fiel.



-IV-

- Te dije que lo conseguiría,
el amor no entiende de muros:
ahora por siempre es mía;
y yo, por siempre suyo.

- Ya está oscureciendo, mira el cielo;
según me has contado, tienes que volver.
Vete al bosque, sin demora,
no tientes tu suerte por segunda vez.
- No pasa nada por divertirse,
déjame un rato más;
mañana le pediré perdón
y me lo concederá.

-V-

-Buenos días, ninfa mía;
no me pongas esa cara;
he vuelto a ti, como prometí;
ya estoy de nuevo en nuestra casa.

- Te alejaste, y te esperé;
confié en tu palabra;
pasé la noche en vela
sin saber dónde estabas.

- Se alargó la visita en la aldea,
pero no me volveré a ir:
por favor, perdóname,
no me moveré de aquí.

- Rompiste tu promesa,
no seré tuya nunca más;
tus pies no eran raíces;
pero ahora, si lo serán.

-VI-

- ¿Oíste la historia del bosque?
¿los gritos que se escuchaban ayer?
Algo pasó, no hay duda,
aunque nadie sabe que fue.
- Escuchad, yo sé la historia:
un amigo quiso jugar con fuego,
intentó domar a la bestia,
trató de dominar al viento.
El amor, compañeros, es un regalo;
pero mal tratado es vengativo;
hacerme caso, no os acerquéis al bosque;
si no, estaréis perdidos.

lunes, 2 de octubre de 2017

Madrigal #1

Acaríciame lento,
sin prisa ni atropello;
déjame escalar despacio tu cuello;
que dure para siempre este momento.
Solo la piel y el vello
sabrán nuestros secretos escondidos.
Acaríciame lento,
soltemos los deseos retenidos;
alimenta este corazón hambriento
que sin ti, está perdido.


sábado, 26 de agosto de 2017

Nunca, siempre


-Perdón, ¿puede traerme otra caña?

Esperé a que el camarero me la trajera, y de un trago me bebí la mitad. Llevaba ya tres horas allí sentado, y pronto iban a cerrar el local. “Otra tarde solo”, pensé. Terminé el libro que estaba leyendo, y lo guardé en la mochila. Llevaba esperándola, exactamente, cinco novelas, dos libros de relatos cortos y un poemario.

Pero nunca venía.

“En este bar nos encontraremos, dentro de cincos años, si todavía sigues pensando en mí. Te quiero”. Eso fue lo último que me dijo, y se despidió. Habíamos comprendido que el amor no era suficiente y, que en aquel punto de nuestras vidas, no podíamos estar juntos. Quisimos darnos un margen, recorrer diferentes caminos, crecer, todo ello pensando que si de verdad estábamos destinados, volveríamos a caminar juntos en un futuro.

Hace dos meses y una semana, exactamente cinco años después de que me dijera esa frase al oído, fue el primer día que volví a este local. Sin embargo, ya no era el bar de siempre. Otro nombre, otros camareros, un ambiente más moderno. Pero continuaba siendo el número quince de esa calle, y estaba seguro de que si ella quería, acudiría a esperarme dentro.

Yo no me la había quitado de la cabeza ni un solo día desde entonces. Ni uno solo. Siempre aparecía a lo largo de mi jornada, de una forma u otra, pero siempre imprevisiblemente, algo que le caracterizaba desde que la conocí. Se presentaba, se esfumaba, volvía a surgir repentinamente, sin explicación. Nunca pude olvidarme de ella.

Sin embargo, el día que entré en este local, no estaba. No la hallé, ni tampoco se mostró por sorpresa. Nada. Ni ese día, ni el siguiente; ni esa semana, ni la siguiente.

Dejé todos los planes que tenía por las tardes; no volví a salir con mis amigos, ni a ir al cine, ni al teatro, ni al gimnasio, ni…a nada. Quería estar, y necesitaba estar, siempre allí, por sí ella aparecía con su vestido rosa, su mirada juguetona, y su sonrisa.

Pero nunca venía.

Todos me preguntaban porque seguía esperando. Me decían que, tras cinco años, lo normal es que nadie apareciera, que se le hubiera olvidado, que le diera igual. Que a lo mejor estaba casada y con hijos; o vivía, por ejemplo, en Argentina; o, incluso, había muerto. Me decían todo lo que se les ocurría para alejarme de aquel bar. Pero yo nunca me moví, nunca cedí. Aunque hubiera una ventisca, aunque estuviera enfermo, aun cuando el bar estuviera cerrado por vacaciones, yo siempre estaba allí, esperando, todas las tardes. Incluso le dejé al camarero una foto suya, por si ella aparecía alguna mañana, cuando yo no podía acudir.  Era consciente de que, probablemente, ya nunca jamás la volvería a ver. No obstante, me daba igual. La gente me decía que, simplemente, no sería nuestro destino. Me daba igual. Yo quería que lo fuera, y pensaba ir, día tras día, aunque fuera por mantener mi promesa.

Pero…nunca venía.

Me levanté, pagué, y salí del local, mientras los camareros recogían las mesas para cerrar. Empecé a subir calle arriba, dirigiéndome al metro.




Los camareros comentaban, mientras bajaban la verja, lo raro que era aquel hombre. Sabían su historia, el motivo de sus esperas, y suponían que había perdido la cabeza. Pero, mientras consumiera, no les molestaba. Cuando se iban a ir, vieron que el bar de enfrente también estaba cerrando, y despidieron a sus compañeros de la otra acera con la mano.

Mientras, en aquella otra acera, caminaba una mujer que llevaba exactamente siete novelas, dos libros de relatos cortos y un poemario esperando al que ella creía que era el hombre de su vida, al cual no veía desde hacía cinco años, dos meses y una semana.

Pero nunca venía.

Se alejó en dirección a la marquesina más cercana, a coger el autobús que le dejaba en su casa. Al mismo tiempo, los camareros de aquel local, que se llamaba “El Quince”, por estar en ese número de la calle, comentaban lo loca que estaba, mientras terminaban de poner el candado en la verja y se iban, sabiendo que mañana volverían a verla.


Porque siempre venía.

lunes, 21 de agosto de 2017

Oración

Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen;
por creer en la violencia
e inundar de odio las calles;
por usar tu nombre,
porque en tu nombre maten.

Padre, perdónanos por endurecer nuestra mirada
por volvernos insensibles a la sangre;
por olvidar la que se derrama lejos;
por infravalorar los caídos de otros lugares.
Por este estúpido racismo generalizado
al diferente, al extranjero;
racismo de cobardes
por mirar a las víctimas de la guerra
como si fueran ellos los culpables.

Sálvalos de usar las armas;
salva a los jóvenes de discursos miserables;
no les dejes entrar en el redil
de aquellos que malinterpretan tu mensaje.
De aquellos que utilizan su poder
para mandarlos a la muerte, a causar desastres.

Sálvanos de cerrar nuestros brazos;
de creer que huyen de sus hogares
para conquistar nuestra tierra;
por olvidar que son personas,
más allá de cualquier frontera;
por no caer en la cuenta
de que las banderas son telas pintadas
que no merecen la pena
ni el horror de la guerra.


Ayúdanos, Padre, a todos
a vivir en paz, olvidar las diferencias;
a defender la igualdad, la libertad;
a defender la vida en todas las arenas.
Ayúdanos a luchar contra extremismos
que a ninguno de nosotros nos representan.
A tender la mano a todas las personas,
vengan de donde vengan;
recen a quien recen;
crean en lo que crean;
porque solo hay dos clases de personas:
las malas, y las buenas.